El pasado fin de semana, Honda se convirtió en un punto de encuentro para la cultura, el diálogo, la música, la cocina y los saberes tradicionales, demostrando que congregarse es una forma de acompañar, sanar y mirar hacia el futuro.
La octava edición de La Magdalena Fest cerró en Honda con un mensaje claro: en momentos difíciles, encontrarnos también es una manera de cuidarnos. Durante el fin de semana, el festival se desarrolló en completa calma y con una activa participación de habitantes y visitantes del municipio, quienes hicieron parte de más de 40 actividades entre diálogos, cocina en vivo, conciertos, talleres y mercado de emprendimientos artesanales y sostenibles
Antes de iniciar el festival, la organización vivió un momento profundamente simbólico: un ritual de armonización junto al río Magdalena, liderado por mayores de la Sierra Nevada, quienes invitaron a reconocer la sabiduría del agua, hacer una ofrenda al río y, al mismo tiempo, recibir con respeto y cuidado las ofrendas que este nos entrega. Un gesto que puso al río en el centro del encuentro y recordó la responsabilidad de quienes habitan sus territorios.
La programación invitó también a crear con las manos y a volver la mirada hacia el río y sus ecosistemas. Los talleres tuvieron una entusiasta participación de niños, jóvenes y adultos que encontraron en la creación manual una forma de acercarse a las especies, paisajes y aves que habitan estos territorios.
En el III Encuentro Ciudadanos del Río realizado por CoCrea, distintas voces ofrecieron miradas profundas sobre el cuidado del río Magdalena y, en general, sobre los ecosistemas del agua. Conversaciones y espacios de reflexión que reafirmaron la necesidad de reconocernos como ciudadanos responsables de los ríos y de los territorios que dependen de ellos.
Los sabores también permitieron ampliar las fronteras del encuentro. Chocó estuvo presente en Sabores y Saberes a través de Dani Afrococina, quien compartió con los asistentes los conocimientos y sabores con que se crió mediante la preparación de un tradicional arroz atollado, llevando a Honda una muestra de la riqueza cultural y gastronómica del Pacífico colombiano.
Durante los Cantos del río, en el Malecón turístico, la agrupación Enkelé, hizo un llamado a la lluvia se convirtió también en un deseo colectivo. El domingo, un refrescante aguacero llegó a Honda, trayendo alivio y esperanza frente a los incendios forestales que afectan distintas zonas del Tolima.
La solidaridad también estuvo presente en el escenario. De Mar y Río propició un emotivo homenaje a las comunidades del Pacífico colombiano afectadas por el reciente sismo, recordando que todos sus integrantes provienen de estos territorios y que llegaron a Honda convencidos del poder que tienen la cultura y la congregación para acompañarnos en tiempos difíciles. Un mensaje especialmente significativo ante el desafío que ahora enfrenta el país: reconstruir no sólo las estructuras físicas afectadas, sino también el tejido social.
Como parte de este compromiso, las donaciones en dinero realizadas durante el festival y los recursos obtenidos a través de la tienda oficial de La Magdalena Fest serán destinados a la Fundación Cantares del Pacífico, en Buenaventura, organización que trabaja actualmente en la reconstrucción de las viviendas de maestros, maestras y sabedores afectados por el terremoto. De esta manera, el encuentro cultural extiende su propósito más allá de Honda y convierte la solidaridad de sus participantes en un aporte concreto para las comunidades afectadas.
La música tropical, del río y de la región reunió a miles de personas en el Malecón Turístico de Honda durante las presentaciones de Afro Fresh, Kiara de la Ossa, Los Cumbia Stars y Fruko y sus Tesos. Familias, niños, jóvenes y personas mayores compartieron un mismo espacio alrededor de la música y la cultura, en una celebración tranquila que reafirmó el valor de encontrarse.
Pero el impacto del festival también estuvo en aquello que ocurre detrás de cada escenario: activar la economía local, cumplir con los compromisos adquiridos con artistas, artesanos y emprendedores y generar oportunidades de trabajo para cientos de personas de Honda que participan directa o indirectamente en la realización del evento.
En un momento en el que Colombia enfrenta grandes y diversos desafíos, La Magdalena Fest confirmó que seguir adelante no significa ignorar las dificultades, sino encontrar maneras de atravesarlas en colectivo. La cultura puede ofrecer amparo, compañía y oportunidades; puede activar economías, reunir comunidades y abrir espacios para volver a mirarnos como sociedad.
La Magdalena Fest termina, pero permanece su propósito: mirarnos alrededor del río, de la cultura y de la vida para acompañarnos, reconocernos y construir juntos un futuro posible.

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